domingo, 25 de marzo de 2012

Acuerdo CUT-CPC. Llueven Migajas!! (José Luis Ugarte *)

No es difícil imaginar, por un solo momento, que si el movimiento estudiantil hubiere estado liderado por Martínez y la CUT en vez de la CONFECH, se habría llegado rápidamente a un acuerdo con el Gobierno para perfeccionar el crédito con aval del Estado y de paso, habría dejado el lucro para otra ocasión. “Hay que ser realista” habría dicho, de seguro, con tono de político sobreviviente de mil batallas.

Es que el realismo político —los sueños arrinconados por la medida de lo posible— de quienes dirigen esa organización parece no tener límites.
La CUT acaba de llegar al acuerdo más paupérrimo del que se tenga memoria con el gran empresariado, representado en la CPC, todo bajo el caricaturesco nombre de diálogo social. Lo acordado son cosas tan relevantes como: cursos de capacitación, campaña publicitaria sobre “seguridad en el trabajo”, minúsculos cambios al seguro de desempleo, subsidio al primer empleo, cambios formales a la negociación colectiva y un par de comisiones bipartitas para seguir reflexionando.

Y la estrella de la noche: la tan cacareada reforma al multirut. Una reforma tan evidente —el abuso es tan grosero que hasta Matthei está de acuerdo— como menor, ya que los jueces del trabajo ya han comenzado a declarar la existencia de una sola empresa en estos casos. De hecho, basta leer el proyecto del Gobierno —que Martínez salió a defender apasionadamente— para darse cuenta que pone más trabas y requisitos para que los trabajadores logren su objetivo de sindicalización. O sea un avance al revés.

¿Cambios a la estructura profunda de plan laboral de Pinochet en las materias que importan: negociación colectiva por sobre la empresa y reconocimiento efectivo del derecho de huelga, por ej. eliminación del remplazo de trabajadores en huelga?
Nada de nada.

Y la pregunta es evidente: ¿valía la pena llegar a una acuerdo de tan precarios e imperceptibles avances, excusado en el realismo político de la CUT, permitiendo de paso a este gobierno y al modelo económico al que sirve, vestirse de dialogante e inclusivo, escondiendo, una vez más, la basura bajo la alfombra?

En absoluto. En un país que, como lo ha certificado la propia OCDE, tiene niveles vergonzosos de sindicalización y de negociación colectiva —los más bajos de esa organización— y con trabajadores, como lo reconocen todos los actores, sin poder alguno en sus relaciones laborales, llegar a tan raquítico acuerdo daña profundamente la posibilidad de construir en el futuro un movimiento potente como, precisamente, el de los estudiantes.

Da entender que con estas reglas —las que creó el hermano de Piñera— se puede sostener el diálogo social. Y eso, como veremos, en Chile es un disparate.

Pero este grosero error –negociar migajas- no es nuevo. Corría el año 1989, la alegría ya había llegado y el Gobierno de la época anunciaba —con bombos y platillos— la política de los acuerdos entre el empresariado y la CUT.

La jugada de Cortázar, el ministro del Trabajo de la época, fue maestra. Los trabajadores rápidamente olvidaron su demanda central: la sustitución total del plan laboral de Pinochet y, además, dejaron de cuestionar el modelo económico neoliberal que hasta hoy padecemos. Los empresarios podrían dormir tranquilos.

¿Lograron algo los trabajadores del diálogo social de Cortázar?
El precio de tamaña claudicación fue modestísimo. Recibieron las que hoy, miradas hacia atrás, nadie dudaría en calificar como migajas. La más importante de todas —hoy da risa sólo pensarlo— fue una conquista de aquellas: se eliminó el libre despido y se sustituyó por la causal de necesidades de la empresa. O sea, lo mismo con otro nombre (Ley 19.010 de 1990).

Y los resultados de ese “diálogo social” fueron espectaculares: después de veinte años de democracia los trabajadores tiene hoy menos poder que cuando se fue Pinochet.

¿Se puede cometer el mismo error por varias veces, eso de tropezar con la misma piedra?
La CUT parece que cree que sí. El gran empresariado tiene en la CUT, hay que reconocerlo, a un socio ideal: débil y sin poder real de negociación, llegar a acuerdos de “migajas” es relativamente sencillo. A cambio se logra un hecho político fundamental: dar la apariencia de que con las reglas del juego vigentes es posible avanzar en eso que se llama diálogo social.

¿Existe posibilidad en Chile de un diálogo horizontal y de iguales entre los trabajadores y empresarios y sus respectivas organizaciones?
Ninguna. Salvo que se reformen radicalmente las reglas legales dejadas por Pinochet los trabajadores no tendrán poder real para negociar nada. Y ello, parece obvio, no se logrará con insignificantes acuerdo con la CPC, sino con presión sobre el sistema político, especialmente sobre aquellos sectores que suelen golpear la puerta de los trabajadores en vísperas electorales, para lograr una reforma integral al modelo de relaciones laborales.

Esa reforma que en su día —1989— la Concertación prometía en su primer programa de Gobierno a los trabajadores chilenos: “Proponemos introducir cambios profundos en la institucionalidad laboral, de modo que ésta cautele los derechos fundamentales de los trabajadores”.

Nada de eso ocurrió, y paradójicamente, en los años que siguieron esa caricatura del diálogo social fue especialmente alimentada por sectores políticos de la Concertación más preocupado de su particular visión de la estabilidad política —la pusilánime democracia de los acuerdos—, que en establecer nuevas y justas reglas para la relación entre trabajadores y empresarios. La cruda realidad es otra: no ha habido experiencia de genuino diálogo social desde el retorno de la democracia. Y ello por una razón muy simple, los trabajadores no tienen en Chile ningún poder. Y sin poder, no hay equilibrio, y sin equilibrio, no existe negociación.

Son cosas tan simples de entender.
Nada nuevo bajo el sol, entonces. Nuevamente, como en los últimos veinte años, no llueve café nos diría Juan Luis Guerra. Vuelven a llover migajas.

(Publicado en El Mostrador.Los subrrayados son nuestros) 
* José Luis Ugarte. Profesor de Derecho Laboral Universidad Diego Portales

lunes, 12 de marzo de 2012

Corte de Santiago Afirma que “Créditos Sociales” se Descuentan a pesar de Cambio de Empleador.

La Corte de Apelaciones de Santiago acaba de resolver que las Cajas de Compensación pueden requerir  a un empleador que descuente a sus trabajadores las cuotas de los créditos “sociales” que éstos les adeuden, aún cuando dichos créditos les hubieren sido otorgados con anterioridad, mientras prestaban servicios para otros empleadores. Así lo estableció por sentencia de 30 de Enero de 2012 en la causa Rol Nº 21.077-2011, al considerar que se trata de prestaciones de seguridad social cuyo descuento es obligatorio para los empleadores, incluso para los nuevos empleadores, pues el artículo 58 del Código del Trabajo “no distingue”.

Pero en el fallo la Corte añade algo muy importante: refrenda que dicha norma tiene por objeto proteger las remuneraciones de los trabajadores “de modo que el total de deducciones no le impidan la adecuada subsistencia a través de la percepción de la misma, salvo en aquellos casos en los que ésas son obligatorias y no dependen del trabajador, cuyo es el caso, aunque limitada a los topes legales que el mismo artículo establece.”

En otras palabras,  los descuentos obligatorios (cotizaciones de seguridad social, cuotas sindicales, préstamos de las Cajas) también estarían considerados dentro del tope del 45% que estableció la Ley 20.540, lo que contradice un reciente Dictamen de la Dirección del Trabajo (Ord. 0262/004 de 17 de Enero de 2012) en el cual sostuvo que aquéllos no están comprendidos dentro de ese tope (y de hecho, no tienen tope alguno), pues el tope del 45%  sólo se aplicaría a descuentos “voluntarios” (Ej: créditos para vivienda, educación, bancarios o de casas comerciales, etc.), obviando que la ley expresamente afirma que el tope se aplica a todas las deducciones, cualquiera sea su fundamento, y a todos los préstamos, cualquiera sea su origen.

Este Dictamen pone en entredicho la finalidad de la ley ( garantizar al trabajador un haber líquido mínimo) ya que torna posible que, por ejemplo, solo entre cotizaciones (20% aprox.),  descuentos voluntarios (45%) y créditos de la Caja (15% aprox.) a un trabajador se le descuente hasta el 80% de su remuneración mensual.

(http://www.escuelasindical.org )

martes, 6 de marzo de 2012

Aysén: Mal Pagado, Precario y Desigual. Por Gonzalo Durán Sanhueza*

La macroeconomía de Aysén – es decir, la economía de los indicadores agregados –, constantementeinvocada en las declaraciones de la clase gobernante, hace tiempo que muestra signos en extremo saludables: tasa de desempleo de 3,5% y un crecimiento económico record de 19,2% en 12 meses.

No obstante, es en la microeconomía o en la economía cotidiana, donde se aprecian los problemas que afectan a la mayoría. Además de ser una región próspera macroeconómicamente – mucho más que el promedio de las otras regiones – , Aysén tiene un costo de vida mayor al promedio nacional y, particularmente, un trabajo mal pagado, precario, y una distribución del ingreso altamente desigual. Este ámbito, de la microeconomía del trabajo, es el que abordamos a continuación.

El movimiento social que adquiere protagonismo hoy en la región, nace justamente de la insatisfacción de aspectos básicos de subsistencia junto a la conciencia creciente de las personas de la importancia de alterar un escenario en el que otros deciden con agendas particulares sobre las propias necesidades.

Durante los últimos 20 años, la región de Aysén ha tenido un deterioro importante en la distribución de ingresos. En efecto, al computar el índice 10/10 que mide la diferencia entre los ingresos del 10% de los hogares más ricos (decil más rico) y el 10% de los hogares más pobres (decil más pobre), se constata que para 2009 fue de 65 veces. En 1990 era de 31,5 veces, es decir, la desigualdad en la distribución de ingresos – así medida – aumentó en un 106% (cálculos Fundación SOL a partir del micro-dato de la encuesta CASEN). En el mismo período la tasa de ocupación aumentó en 14% y el desempleo cayó en 16% (aún mediando crisis económica). Como vemos, Aysén es más desigual y los datos derriban el ortodoxo argumento de que más empleo reduce la desigualdad.

Un segundo aspecto poco visualizado, es la precariedad laboral medida en términos del Índice de Empleo Protegido. El Empleo Protegido, es un indicador que Fundación SOL construye como proxy para evaluar precariedad laboral desde el punto de vista de la demanda de trabajo, es decir desde la vereda de las empresas. La condición de Empleo Protegido supone la existencia de contrato de trabajo indefinido, cotizaciones de salud, de previsión y seguro de cesantía. Así medida, la precariedad laboral de Aysén es la segunda más alta de Chile, contabilizándose tan solo un 39% de los trabajadores asalariados en una situación de “protección”.

El tercer indicador se relaciona con los sueldos y salarios que perciben los trabajadores de Aysén. Realizando un zoom sobre los trabajadores asalariados del sector privado, es posible constatar que en Aysén, los sueldos y salarios son un 8% menor al promedio nacional. Es más, limpiando la cifra por el efecto del subsidio a la contratación de mano de obra en zonas extremas (Ley 19.853) – que beneficia al empleador con el 17% de la renta imponible - los sueldos y salarios en Aysén, sin mediar los subsidios, son un 23% inferior al promedio nacional.

*Gonzalo Durán Sanhueza, Economista Fundación SOL

El Artículo Completo AQUí

domingo, 4 de marzo de 2012

Más de 800.000 Trabajadores No Tienen Escriturados sus Contratos de Trabajo


Regiones con mayor protección laboral son se destacan Antofagasta, Atacama, y Magallanes, siendo la minería el principal sector en las primeras zonas, mientras que en la parte austral la seguridad laboral se produce en la administración pública.

Más de 800 mil trabajadores asalariados no tienen contratos por escrito con sus empleadores, de acuerdo a las cifras de desempleo del Instituto Nacional de Estadísticas (INE), entre noviembre del año pasado y enero último.


“Se constata que del total de Asalariados estimados (5.348.200 trabajadores), el 84,7% expresan tener contrato escrito en el empleo donde trabajan, y el 15,3% restante declaran no tenerlo, por ende su acuerdo de trabajo es de palabra”, advierte el INE.

En cuanto a los empleos con acuerdos formales, que incluyen cotización previsional y de salud, más el seguro de desempleo, el INE indica que el 72,6% de los asalariados “demuestran poseer las tres prestaciones laborales mencionadas, reflejando una protección laboral alta”. El resto de los empleados asalariados se desempeñan en la precariedad, pues no cuentan con una constancia legal que les permita tener las aseguraciones sociales previstas en la Ley.

Las regiones con mayor protección laboral son se destacan Antofagasta (83,1%), Atacama (82,4%), y Magallanes (82,2%), siendo la minería el principal sector en las primeras zonas, mientras que en la parte austral la seguridad laboral se produce en la administración pública.

Aysén y Valparaíso se encuentran en un nivel intermedio puesto que registran una menor prevalencia en la protección laboral alta: 59,3% y 61,5%, respectivamente.

En la vereda opuesta ( menor protección laboral )están las regiones con baja protección laboral: Maule (26,3%), La Araucanía (18,9%) y Biobío (18,7%).
FUENTE: AQUí